domingo

4. EJERCICIO: SEPTIEMBRE / LA PATRIA

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© Marcelo Montecino. © All rights reserved.


Por medio de 5 fotografías, construya un relato cuyo eje central, durante el mes de SEPTIEMBRE, sea LA PATRIA.

Reflexione, problematice la forma en que ha sido, hasta ahora, simbolizado este mes de reminiscencias épicas para los chilenos. Visite lugares y situaciones que desconozca. Observe y dialogue con las personas, relaciónese con los protagonistas de su tema, pero también con los actores secundarios. Lea, investigue; antes, durante y después de fotografiar. Empápese del tema, descúbralo, obsesiónese. Intente la coherencia del relato, evite las imágenes fáciles e inconexas, por sobre todo el lugar común. Procure conseguir un punto de vista. Tome partido. Opine. Descubra la NOTICIA en su tema.



© Miguel Navarro. © All rights reserved.





© Luis Hidalgo. © All rights reserved.









© Héctor López. © All rights reserved.






"El amor ante el olvido"
© Claudio Pérez. © All rights reserved.



¿Qué NO DEBE hacer?
-Registrar exclusivamente su entorno familiar inmediato
-Registrar exclusivamente el día 18.
-Caer en clichés: "primavera", "vino y empanada", "la cueca... ".
Los siguientes son ejemplos de LO QUE NO DEBE HACER:







viernes

I. LA HISTORIA DE UNA FOTO

© Claudio Pérez. 1994. © All rights reserved.


Esta serie de retratos me fueron encargados por la Secretaría General de Gobierno el año 1994 con ocasión de los 80 años de vida de Nicanor Parra.


Recuerdo que llegué en mi escarabajo verde una mañana de otoño a su casa de La Reina. Él tenía un escarabajo amarillo. Me recibió su nieto Tololo y su perro en una mañana de sol.

Estaba nervioso, no sabía cómo iba a reaccionar don Nica. Lo primero que me dijo fue que no lo tratara de “don” ya que eso era propio de la mafia.

Le comenté que necesitaba realizarle un retrato para el afiche en conmemoración de sus 80 años. Me respondió que para qué iba a fotografiar un cadáver, por qué no usábamos una foto de él de cuando era joven. Yo me rehusé, ya que era una oportunidad única de retratarlo y le argumentaba que nadie lo iba a reconocer a través de esas fotografías antiguas. Me invitó a caminar por el patio de árboles, me conversó sobre Nietzsche, sobre poesía y sobre el mundo. Luego, nos llamaron a almorzar y nos servimos vino tinto. Después se fue a dormir la siesta y me pidió que lo esperara para seguir conversando.

Me quedé con su hija Colombina y su nieto Tololo, que ya entrada la noche me dijeron que no se iba a levantar así es que mejor volviera al otro día. Me fui un poco desalentado de no haberlo podido convencer para hacerle el retrato.

Al otro día llegué mas tarde y somnoliento, ya que en la noche me había despertado pensando en lo que hablamos, sobre Nietzshe y sobre poesía. Mi cabeza no había parado de pensar en todo lo que me dijo, había recibido como un golpe de pensamientos que no me dejaron dormir.

Llegué dispuesto a convencerlo de inmediato para que posara ante la cámara. Pero nuevamente estábamos los dos solos, uno frente al otro, conversando sobre la vida. Yo con mi cámara Leica trataba discretamente de fotografiarlo pero era imposible, apenas llevaba la cámara al ojo él se descomponía, se le caían las cejas y los ojos y se molestaba. Nuevamente salimos a caminar al patio, almorzamos con vino tinto y durmió su siesta sin volver a levantarse.

Esa noche no dormí pensando en sus palabras y en cómo podía hacerle el anhelado retrato.
Al día siguiente llegué aún mas tarde que las dos citas anteriores, y dispuesto a obligarlo a posar para mí.

Apareció muy sonriente, vivaz, hablando de poesía y del mundo. Inmediatamente le manifesté que teníamos que hacer las fotografías ya que no teníamos más tiempo y que era ese día y ningún otro. Le conté la idea de hacerse él mismo el retrato, disparando el obturador de la cámara con un cable a distancia, me respondió que no podía ver la cámara delante de él y allí se nos vino la luz… él necesitaba verse a si mismo sin un ojo cazador por delante.

Le pedí un espejo y me pasó uno de plástico rosado, pequeño y sucio. Lo limpié y se puso mi chaleco negro. Así esperé a que él se viera mientras disparaba mi cámara a través del espejo desde atrás de sus hombros.

Puso un biberón que tenía del Tololo, jugó con sus manos y su cara… al final no fueron más de cinco minutos del acto fotográfico, después de tres días de conversaciones y vino tinto pude al fin obtener su tan anhelado retrato.

Claudio Pérez